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Errores al iniciar la marcha en vehículos automáticos: una amenaza creciente

Errores al iniciar la marcha en vehículos automáticos: una amenaza creciente


Cuando conducir un automático no es tan automático

Introducción

La llegada de los vehículos automáticos ha cambiado nuestra forma de conducir. En ciudad, en un atasco o para quien empieza a ponerse al volante, eliminar el embrague y el cambio de marchas supone más comodidad, sencillez y menos fatiga.

Pero hay una cuestión de la que quizá hablamos poco: cambiar de vehículo también significa cambiar algunos de nuestros automatismos como conductores.

Quien lleva años conduciendo un coche manual no piensa cada movimiento que realiza. Muchos gestos se han convertido en rutinas que ejecutamos casi sin darnos cuenta. Y precisamente ahí puede aparecer el problema: algunos de esos automatismos no coinciden con la lógica de funcionamiento de un vehículo automático.

Cuando un gesto equivocado puede tener consecuencias graves

En los últimos años hemos conocido accidentes en los que la selección de la marcha o una maniobra incorrecta con un vehículo automático ha tenido consecuencias graves.

En Madrid, una conductora atropelló a varias personas a la salida de un colegio tras una maniobra con su vehículo automático. En Bilbao, una mujer fue atropellada por su propio vehículo después de bajarse de él sin que quedase correctamente inmovilizado. También en Galicia hemos visto vehículos que, durante una maniobra, se desplazaron bruscamente en una dirección distinta de la pretendida por el conductor.

Cada accidente debe analizarse individualmente y no todos tienen necesariamente la misma causa. Sin embargo, estos sucesos plantean una pregunta que merece ser estudiada desde la seguridad vial:

¿Estamos preparando suficientemente a los conductores para pasar de un vehículo manual a uno automático?

¿Es intuitiva la disposición de las marchas?

Durante décadas nos hemos acostumbrado a encontrar en muchos vehículos automáticos la secuencia:

P – R – N – D

  • P (Parking): estacionamiento.
  • R (Reverse): marcha atrás.
  • N (Neutral): punto muerto.
  • D (Drive): marcha hacia delante.

Y aquí aparece una cuestión interesante.

Un conductor acostumbrado al cambio manual ha repetido miles de veces un gesto: para seleccionar primera, la mano se desplaza habitualmente hacia delante.

Sin embargo, en muchos selectores automáticos tradicionales, para pasar de P hacia D realizamos precisamente un movimiento hacia atrás.

¿Significa esto que esa disposición sea necesariamente insegura? No. Pero sí merece que nos preguntemos hasta qué punto determinados diseños son intuitivos para alguien que acaba de abandonar décadas de conducción manual.

Si queremos avanzar, ¿por qué en algunos sistemas movemos el selector hacia atrás? ¿Y hasta qué punto importa ese gesto cuando actuamos por automatismo?

La pregunta adquiere todavía más importancia porque actualmente no existe una única solución. Palancas convencionales, selectores electrónicos, ruletas, pulsadores, mandos en la columna de dirección… cada fabricante puede plantear una interacción diferente.

El problema no es solo la palanca

Hay varios factores que pueden confluir durante una maniobra:

  • Falta de experiencia con el vehículo automático.
  • Hábitos profundamente automatizados después de muchos años conduciendo vehículos manuales.
  • Diferencias de diseño entre marcas y modelos, que obligan al conductor a adaptarse a distintos sistemas.
  • Menor información mecánica que la que tradicionalmente transmitían un embrague y una palanca de cambios.
  • Estrés, urgencia o distracción, situaciones en las que tendemos a recurrir todavía más a movimientos aprendidos.
  • Una técnica deficiente con los pedales, especialmente cuando se pierde la referencia física del pie derecho.

Este último punto merece especial atención.

En un vehículo automático, el pie izquierdo no interviene en la conducción normal: freno y acelerador se manejan con el pie derecho. Mantener una posición estable y una buena referencia sobre los pedales ayuda a realizar movimientos más precisos y a reducir errores.

Y hay otro factor cada vez más relevante: la respuesta inmediata de muchos vehículos híbridos y eléctricos. Su entrega de par puede hacer que una presión excesiva sobre el acelerador tenga una respuesta mucho más rápida de la que esperaba un conductor poco familiarizado con el vehículo.

¿Qué ocurre si seleccionamos la marcha equivocada?

El riesgo más evidente es también el más grave: que el vehículo comience a desplazarse en sentido contrario al que espera el conductor.

La sorpresa puede desencadenar además una segunda reacción incorrecta. Ante un movimiento inesperado, el conductor puede actuar precipitadamente, acelerar en lugar de frenar o tardar unos instantes críticos en comprender qué está ocurriendo.

Por eso no debemos analizar únicamente el primer error, sino la cadena de acontecimientos que puede desencadenar.

¿Qué podemos hacer?

Como conductores

Antes de salir a la carretera con un automático por primera vez, merece la pena dedicar unos minutos a conocerlo.

  • Identificar claramente P, R, N y D y comprobar cómo funciona el selector.
  • Practicar las primeras maniobras en un lugar seguro y sin presión.
  • Comprobar cómo responde el vehículo al soltar el freno y al acelerar suavemente.
  • Familiarizarse especialmente con la respuesta de vehículos híbridos y eléctricos.
  • Utilizar exclusivamente el pie derecho para acelerador y freno en la conducción convencional.
  • Mantener una posición estable del pie que permita localizar ambos pedales con precisión.
  • Antes de acelerar después de seleccionar una marcha, confirmar que hemos elegido la dirección que realmente queremos.
  • Prestar especial atención en aparcamientos, garajes y maniobras a baja velocidad. Precisamente porque parecen situaciones sencillas, tendemos a realizarlas de forma más automática.

Una regla sencilla puede evitar muchos problemas:

Selecciona. Comprueba. Después, acelera.

Como fabricantes

La tecnología también puede ayudarnos a diseñar el error fuera del sistema.

Sería conveniente avanzar hacia:

  • Selectores más intuitivos y homogéneos entre fabricantes.
  • Indicaciones visuales y acústicas inequívocas sobre la marcha seleccionada.
  • Sistemas capaces de detectar situaciones incompatibles con la intención aparente del conductor.
  • Una gestión específica de la entrega de par durante maniobras a muy baja velocidad.
  • Mecanismos que reduzcan las consecuencias de una aceleración involuntaria.
  • Una mayor armonización de los sistemas de selección de marcha.

La mejor tecnología de seguridad no es únicamente la que nos protege después de equivocarnos. Es también la que hace más difícil que podamos equivocarnos.

Un riesgo que merece nuestra atención

El crecimiento de los vehículos automáticos, híbridos y eléctricos parece irreversible. Y probablemente sea una buena noticia: simplifican muchas tareas y pueden hacer la conducción más cómoda.

Pero más sencillo de manejar no significa que no haya nada nuevo que aprender.

Pasar de un cambio manual a uno automático modifica hábitos que algunos conductores llevan décadas repitiendo. Y cuando hablamos de seguridad vial, un gesto realizado miles de veces merece tanta atención como cualquier nueva tecnología.

Por eso quizá la cuestión no sea decidir si el cambio automático es más seguro o menos seguro.

La pregunta interesante es otra:

¿Estamos enseñando a utilizarlo correctamente?

Desde PROVIAL creemos que este asunto merece más formación, más investigación y también una reflexión por parte de los fabricantes. Porque en seguridad vial los grandes avances tecnológicos son importantes, pero a veces un pequeño gesto sigue marcando una enorme diferencia.

Casos recientes que necesitan de un estudio y producen cierta alarma

Los errores al seleccionar la marcha adecuada están detrás de varios accidentes graves:

  • En Madrid, una conductora atropelló a varias personas a la salida de un colegio al confundir la marcha de su vehículo automático.
  • En Bilbao, otra mujer fue atropellada por su propio coche automático al bajarse sin asegurarlo correctamente.
  • En Galicia se han producido varios casos en los que un conductor ha seleccionado mal la marcha de su vehículo automático y ha producido un accidente, en uno de ellos arrasado una terraza de una cafetería desde la salida del estacionamiento.

Un riesgo real

El auge de los vehículos automáticos es imparable, pero su implantación masiva exige un cambio en la formación y la concienciación. La contradicción entre lo que un conductor de manual ha aprendido —primera hacia adelante para avanzar— y lo que exige el automático —palanca hacia atrás para avanzar— no es un detalle menor: es un riesgo real en la seguridad vial.

Mientras no exista un consenso en el diseño más lógico de las palancas y en la forma de enseñar su uso, será fundamental que tanto conductores como fabricantes asuman que estamos ante un problema estructural y no anecdótico. Solo así podremos reducir los accidentes relacionados con un gesto tan simple, pero tan decisivo, como poner en marcha un vehículo.