Peatones en riesgo por la nueva movilidad urbana.

Peatones en riesgo por la nueva movilidad urbana.

Sin bordillos ni reglas claras: ¿quién protege al peatón?

En los últimos años, muchas administraciones locales han iniciado una transformación urbana que, bajo el paraguas de la movilidad sostenible y la accesibilidad, está difuminando los límites que durante décadas protegieron al peatón. Se eliminan bordillos, se rediseñan las aceras y se comparte el espacio sin una reflexión real sobre las consecuencias. ¿El resultado? Una creciente sensación de inseguridad para quienes caminan por nuestras calles.

El bordillo ha sido, durante años, mucho más que una pieza de hormigón: ha sido una frontera clara entre la calzada y la acera. Un elemento físico que protegía. Si un conductor se despistaba, tenía una advertencia tangible antes de irrumpir en el espacio peatonal. Hoy, en muchas ciudades, esa frontera ya no existe. La acera ha dejado de ser un espacio seguro. Bicicletas, patinetes e incluso coches la invaden, convirtiéndola en un lugar de paso para todos… menos para el peatón.

La situación es especialmente preocupante para los más vulnerables: personas mayores, personas con discapacidad y, especialmente, niños. ¿Cómo enseñar a un niño a cruzar la calle si ya no hay una línea clara entre calzada y acera? ¿Cómo fomentar su autonomía si no podemos garantizarle un entorno reconocible y seguro?

Pero el problema no acaba ahí. A la inseguridad física se le suma la normativa. Las señales de tráfico conforman un lenguaje común que todo conductor debe conocer. Sin embargo, muchas personas que se mueven en bicicleta o en VMP no necesitan ningún tipo de formación previa ni permiso de conducción. Nadie les ha enseñado ese lenguaje. Y, peor aún: algunos ayuntamientos están creando sus propias señales, ajenas al catálogo oficial, que ni siquiera los conductores con carnet pueden interpretar correctamente. ¿De verdad se espera que nos aprendamos la ordenanza municipal de cada localidad que atravesamos?

Esta fragmentación normativa genera confusión, resta autoridad a las reglas comunes y erosiona la convivencia vial. Si cada administración actúa por su cuenta, sin coordinación, lo que conseguimos no es una ciudad más moderna, sino una ciudad más caótica.

Desde Provial, creemos que esto tiene solución. Una solución coherente, profesional y viable: incorporar en los equipos técnicos municipales las figuras del Técnico Superior en Movilidad Segura y Sostenible y del Profesor de Formación Vial. Ambos perfiles están capacitados para diseñar, regular y educar en movilidad desde el conocimiento técnico, normativo y pedagógico. No desde la improvisación.

No se trata de oponerse al cambio. Se trata de hacerlo bien. Porque cuando se eliminan los bordillos y las reglas claras, lo que desaparece no es solo una línea de piedra: desaparece también la protección del peatón. Y eso, simplemente, no nos lo podemos permitir.

Una última reflexión:

Lo más grave no es que estas decisiones se tomen: es que se permiten. Que haya responsables políticos, técnicos y gestores públicos que miren hacia otro lado mientras se destruye la lógica más básica de la seguridad vial. Que quienes deben garantizar la protección de los usuarios más vulnerables estén firmando proyectos que los desprotegen. No podemos seguir normalizando este sinsentido. Porque si todos lo vemos, lo vivimos y lo sufrimos… ¿quién está dispuesto a asumir la responsabilidad de lo que, tarde o temprano, sucederá?

Mª del Pilar Prieto | Equipo Provial